Existen dos tipos de ictus: isquémico y hemorrágico. Conoce las causas de cada tipo, los síntomas comunes y cómo se diagnostica y trata el ictus.

¿Qué es el ictus?

Un ictus (también conocido como infarto cerebral) es una enfermedad grave que requiere atención urgente.

Un ictus se produce cuando el cerebro no recibe el suministro de sangre que necesita, lo que a su vez limita el oxígeno en el cerebro. Cuando esto ocurre, suele ser porque el suministro de sangre al cerebro está bloqueado o porque un vaso sanguíneo del cerebro se rompe.

Sin un tratamiento de urgencia, determinado tejido cerebral puede dañarse o morir por falta de oxígeno. Esto puede llevar a una discapacidad o incluso a la muerte. Cuanto antes se reciba el tratamiento adecuado, mayores serán las posibilidades de recuperación.

¿Cuáles son los principales tipos de ictus?

Existen dos tipos principales de ictus:

  • Ictus isquémico: es la forma más común de ictus; representa alrededor del 80% de todos los casos. Se produce por un coágulo de sangre que provoca una obstrucción y corta el suministro de sangre al cerebro.
  • Ictus hemorrágico: se produce cuando un vaso sanguíneo que irriba el cerebro se rompe, provocando una hemorragia en el cerebro o a su alrededor.

Accidente isquémico transitorio (AIT)

Algunas personas sufren un AIT antes de sufrir un ictus completo. Los síntomas de un AIT son los mismos que los de un ictus, pero duran poco tiempo, por lo que a menudo se conoce como «miniictus». Aunque los efectos de un AIT no son tan duraderos como los de un ictus establecido, indican un mayor riesgo de ictus en un futuro cercano.

¿Cuántas personas han sufrido un ictus?

El informe 2020 Burden of Stroke in Europe (La carga del ictus en Europa en 2020) reveló que en 2017 se produjeron 1,2 millones de ictus en la Unión Europea. También predijo que el número de personas que sobreviven a un ictus en las próximas tres décadas (2017-2047) aumentará en un 27 %, principalmente debido al envejecimiento de la población y al aumento de las tasas de supervivencia.

Síntomas

Los principales síntomas del ictus afectan a la cara, los brazos y el habla. Sin embargo, el ictus es diferente para cada persona y los síntomas dependerán de la parte del cerebro que se haya visto afectada y de la gravedad del daño en el tejido cerebral.

¿Cuáles son los síntomas del ictus?

Las tres zonas principales del cuerpo que se ven afectadas al producirse un ictus son:

  1. La cara: es habitual que la cara se desvíe hacia un lado durante un ictus. Esto puede ser más manifiesto cuando la persona está sonriendo, así que si estás preocupado por alguien, pídele que sonría para ver si un lado de su cara se desvía.
  2. Los brazos: a menudo hay una debilidad o entumecimiento en los brazos. Si alguien es incapaz de levantar y mantener los brazos en alto, puede ser un signo de ictus.
  3. El habla: el habla confusa o arrastrada suele ser uno de los primeros síntomas evidentes. A veces el habla se pierde por completo.

Otros posibles síntomas pueden ser:

  • Parálisis en un lado del cuerpo
  • Problemas de visión
  • Dificultad para entender a los demás
  • Problemas de equilibrio y coordinación
  • Mareos
  • Pérdida de conocimiento
  • Confusión

¿Cuáles son las fases del ictus?

No hay etapas fijas asociadas a un ictus; sin embargo, algunas personas experimentan un accidente isquémico transitorio (AIT), que puede ser una señal de aviso de que pueden sufrir pronto un ictus. El AIT se denomina a veces «miniictus» porque los síntomas son los mismos que los de un ictus pero, como el bloqueo de la sangre en el cerebro es temporal, solo dura un tiempo breve.

Un AIT no daña las neuronas ni provoca una discapacidad permanente, pero indica un mayor riesgo de sufrir un ictus establecido en un futuro próximo.

No todas las personas que sufren un ictus experimentan primero un AIT, pero si lo hacen, es importante obtener ayuda médica de inmediato, ya que podría ser una señal de que se avecina un ictus. En un estudio sobre pacientes con ictus publicado en la revista médica Neurology, se evaluó a 2416 personas que habían sufrido un ictus isquémico. De ellos, 549 habían presentado un AIT antes de su ictus, y la mayoría tuvo lugar en los siete días siguientes al ictus.

Los síntomas del AIT incluyen:

  • Sensación de entumecimiento o debilidad en un lado del cuerpo
  • Dificultad para hablar o entender
  • Problemas de visión
  • Dolor de cabeza intenso
  • Confusión
  • Mareos o pérdida de equilibrio

Consecuencias a largo plazo del ictus

A largo plazo, pueden surgir una serie de problemas mentales y físicos como consecuencia de un ictus. Entre ellos se encuentran:

  • Discapacidad física leve, moderada o grave
  • Problemas con la función cerebral, incluida la memoria y las habilidades cognitivas
  • Problemas de salud mental, como depresión y ansiedad

¿Cuáles son los primeros signos de un ictus?

La prueba «FAST» se utiliza a menudo para ayudar a identificar un ictus. Fíjate en las tres principales zonas del cuerpo afectadas: cara (face), brazo (arm) y habla (speech), como se describe en la sección de síntomas. Si se presenta alguno de estos signos, es tiempo (time) de llamar a los servicios de emergencia para recibir atención médica inmediata.

Recuerda el acrónimo FAST:

  • Cara: la cara está caída, dormida, o la sonrisa está desviada.
  • Brazos: un brazo está débil o entumecido, o es difícil mantener los brazos levantados.
  • Habla: el habla es arrastrada o difícil de entender.
  • Tiempo: si detectas al menos uno de estos síntomas, es hora de llamar a los servicios de emergencia.

Todos los accidentes cerebrovasculares son diferentes, y los tres síntomas FAST pueden ir acompañados de uno o varios de los síntomas adicionales que se enumeran en la sección «¿Cuáles son las fases del ictus?».

Causas, factores de riesgo y esperanza de vida

Los ictus pueden ser isquémicos (cuando se interrumpe el suministro de sangre al cerebro) o hemorrágicos (cuando hay una hemorragia en el cerebro o a su alrededor). La probabilidad de sufrir un ictus aumenta con la edad, y las personas mayores tienen menos posibilidades de sobrevivir.

¿Qué causa los ictus?

Los accidentes cerebrovasculares están causados por una restricción del suministro de sangre al cerebro, que se produce de diferentes maneras según el tipo de ictus.

Ictus isquémico

En los ictus isquémicos, una obstrucción corta el suministro de sangre al cerebro. La causa puede ser la formación de un coágulo de sangre en una arteria que conduce al cerebro o en un pequeño vaso sanguíneo en el interior del cerebro. También puede ser el resultado de un coágulo que se desplaza por el torrente sanguíneo hasta el cerebro desde otra parte del cuerpo.

Ictus hemorrágico

Un ictus hemorrágico también se denomina hemorragia cerebral o sangrado cerebral, ya que está causado por una hemorragia en el cerebro o a su alrededor. Esto puede ocurrir de dos maneras:

  1. Hemorragia intracerebral: un vaso sanguíneo del interior del cerebro se rompe y provoca una hemorragia cerebral.
  2. Hemorragia subaracnoidea: un vaso sanguíneo en la superficie del cerebro se rompe, provocando una hemorragia entre el cerebro y el cráneo.

¿El ictus es hereditario?

La probabilidad de sufrir un ictus es mayor en las personas con antecedentes familiares de ictus, pero se cree que son los factores de riesgo de ictus los que son hereditarios (como la hipertensión arterial y la diabetes), más que el propio ictus..

¿Quién sufre ictus?

El riesgo de sufrir un ictus se ve afectado por factores «no modificables», es decir, que no pueden cambiarse, o «modificables», es decir, que se puede influir en ellos. 

Los dos factores no modificables -los que tienen que ver con la persona- que pueden afectar al riesgo de sufrir un ictus son:

  • Edad avanzada: el riesgo de ictus aumenta con la edad y se duplica cada década a partir de los 55 años.
  • Género: por término medio, los hombres sufren ictus unos cuatro años antes que las mujeres, y la incidencia en los hombres es un 33 % mayor. Sin embargo, las mujeres tienen más probabilidades de sufrir un ictus grave que los hombres.

Los factores de riesgo modificables, es decir, aquellos sobre los que se puede influir o controlar, son:

  • Beber alcohol en exceso: beber demasiado alcohol eleva la presión arterial, que es uno de los mayores factores de riesgo de ictus.
  • Fumar: el tabaquismo aumenta el riesgo de todos los tipos de ictus tanto en hombres como en mujeres.
  • Obesidad: el sobrepeso aumenta el riesgo de sufrir hipertensión arterial, cardiopatías y diabetes tipo 2, que pueden aumentar el riesgo de sufrir un ictus.
  • Diabetes: los estudios demuestran que las personas con diabetes tipo 2 tienen más probabilidades de sufrir un ictus.
  • Presión arterial alta: este es uno de los mayores factores de riesgo de ictus y está relacionado estrechamente con el consumo de alcohol, el tabaquismo y el sobrepeso. Una presión arterial de 140/90 o superior puede dañar los vasos sanguíneos que suministran sangre al cerebro.

Las cardiopatías también son un factor de riesgo importante para sufrir un ictus, y son una de las principales causas de muerte tras sufrirlo. Si la cardiopatía es hereditaria, puede tratarse de un factor de riesgo no modificable, pero algunas personas pueden modificar sus hábitos para influir en su riesgo de cardiopatía y, por tanto, en el riesgo de ictus.

¿Cuánto tiempo se puede vivir con ictus?

Cuando se trata de las tasas de supervivencia tras un ictus, la edad es uno de los factores más influyentes, ya que los estudios han demostrado que el riesgo de muerte por ictus se duplica aproximadamente con cada década de edad. Otro factor importante es el tiempo transcurrido desde el ictus. Un estudio asoció el ictus con un aumento de casi cinco veces el riesgo de muerte entre cuatro semanas y un año después del ictus, en comparación con la población general, y un aumento del doble después de un año.

Sin embargo, las tasas de supervivencia han mejorado mucho en la última década gracias a los nuevos tratamientos del ictus y a la mejora de la atención a los mismos. Un tratamiento rápido ayuda a aumentar las posibilidades de supervivencia y a reducir el riesgo de secuelas a largo plazo.

Diagnóstico

Para ofrecer las mejores posibilidades de recuperación, el médico debe confirmar el diagnóstico de un ictus lo antes posible.

¿Cómo se diagnostica el ictus?

El diagnóstico se realiza mediante una serie de pruebas que ayudan a identificar cualquier problema de salud que pueda causar un ictus (como la hipertensión arterial) y escáneres cerebrales para obtener una mejor imagen de lo que ocurre en el interior del cerebro.

Prueba para diagnosticar el ictus

Si el médico sospecha que se trata de un ictus, intentará realizar uno de los siguientes tipos de escáner cerebral durante la hora siguiente a la llegada al hospital:

  • Tomografía computarizada (TC): se utilizan varias imágenes para crear una imagen en 3D del cerebro. El TAC suele ser más rápido que la resonancia magnética, lo que permite iniciar antes el tratamiento, y es eficaz para mostrar la diferencia entre los ictus isquémicos y los hemorrágicos.
  • Resonancia magnética (RM): se utilizan campos magnéticos y ondas de radio para obtener una imagen detallada del interior del cerebro. Este tipo de exploración se utilizará si alguien se ha recuperado de un AIT. Es capaz de mostrar el tejido cerebral en detalle e identificar las zonas más pequeñas que han sido afectadas por un ictus.

Otras pruebas que pueden ser útiles para diagnosticar un ictus son:

  • Análisis de sangre: para comprobar los niveles de colesterol y azúcar en sangre
  • Tensión arterial: si es alta, puede ser necesaria la medicación para reducir el riesgo de sufrir otro ictus
  • Medición del pulso: para comprobar si los latidos del corazón son irregulares
  • Electrocardiograma (ECG): para mostrar si una arritmia puede haber causado el ictus

Tratamiento y medicación

La rehabilitación y la recuperación después de un ictus llevan tiempo. El proceso es diferente para cada persona, y suele implicar que un equipo de especialistas establezca objetivos para trabajar. Es importante seguir participando activamente en el plan de rehabilitación para tener las mejores posibilidades de recuperación.

¿Cómo se trata el ictus?

Cada ictus es diferente, por lo que el tratamiento y la recuperación varían mucho entre los pacientes. La recuperación suele durar meses y puede durar años para algunas personas que sobreviven al ataque. Comienza en el hospital y suele contar con la participación de una serie de especialistas que ayudarán a establecer objetivos para la recuperación.

Esto puede implicar la realización de más pruebas para ayudar al médico a entender lo que se necesita. Las pruebas pueden incluir:

  • Prueba de deglución es habitual tener dificultades para tragar después de un ictus, por lo que los médicos pueden realizar pruebas para comprobar que la persona puede comer y beber con seguridad.
  • Evaluación de la movilidad: esto mostrará el alcance del impacto físico del ictus e identificará la ayuda necesaria.
  • Evaluaciones de la comunicación y cognitivas: un ictus puede afectar a la capacidad del cerebro para comprender, organizar y almacenar información. Las pruebas cognitivas iniciales se realizan en el hospital y puede haber más evaluaciones continuas para ver cómo ha afectado el ictus al cerebro a largo plazo.
  • Pruebas de estado nutricional e hidratación: pondrán de manifiesto cualquier carencia nutricional y comprobarán si hay deshidratación.
  • Evaluación de la continencia: los problemas de vejiga e intestino pueden ser uno de los efectos secundarios menos agradables del ictus, pero normalmente pueden mejorarse con los consejos adecuados. A continence assessment will enable doctors to provide the best advice and treatment.

Medicación

Se puede utilizar una serie de medicamentos para tratar el ictus. Las opciones variarán en función del tipo de ictus.

Medicación para el ictus isquémico

En una situación de emergencia, se suele utilizar una medicación llamada trombólisis, o medicación «para romper el coágulo». Funciona disolviendo los coágulos de sangre y permitiendo que la sangre vuelva a fluir hacia el cerebro, y puede tener un efecto positivo en la reducción de los daños causados por el ictus si se administra en las horas siguientes al inicio del mismo.

Otros tratamientos que pueden utilizarse posteriormente para ayudar a prevenir otros ictus son:

  • Agentes antiagregantes plaquetarios: se utilizan para ayudar a prevenir la formación de nuevos coágulos en la sangre.
  • Anticoagulantes: cambian la composición química de la sangre para reducir la posibilidad de que se formen más coágulos.
  • Medicación para la presión arterial: puede prescribirse si el paciente tiene la presión arterial alta, para ayudar a reducir el riesgo de nuevos ictus. .
  • Estatinas: ayudan a reducir los niveles de colesterol y pueden ofrecerse para reducir el riesgo de nuevos ictus, tanto si los niveles de colesterol son altos como si no.

Medicación para ictus hemorrágicos

Si alguien ha sufrido un ictus hemorrágico, los médicos pueden recomendarle que tome medicamentos para la tensión arterial con el fin de reducir el riesgo de nuevos ictus. Si ya estaba tomando anticoagulantes, necesitará un tratamiento para revertir sus efectos y reducir la posibilidad de nuevas hemorragias.

Terapia

Los efectos a largo plazo del ictus pueden ser muy variados, y varias terapias pueden tener un impacto significativo en el proceso de recuperación y rehabilitación.

Cada persona se recupera de forma diferente y requiere el apoyo de diversos especialistas. Entre ellos se incluyen:

  • Fisioterapeutas: las secuelas físicas del ictus pueden incluir problemas de equilibrio y coordinación, debilidad muscular y parálisis en un lado del cuerpo. Un fisioterapeuta puede ayudar estableciendo ejercicios regulares y proporcionando objetivos para trabajar.
  • Psicólogos: es muy normal que las personas experimenten estrés, ansiedad, depresión o ira después de un ictus. Las sesiones regulares de orientación pueden ayudar a los pacientes a abordar estos sentimientos y también a afrontar el impacto en las relaciones cercanas.
  • Terapeutas ocupacionales: muchas actividades cotidianas pueden convertirse en un reto después de un ictus. Un terapeuta ocupacional puede asesorar sobre cómo adaptar el hogar o utilizar equipos especializados para que la persona que ha sufrido un ictus pueda mantener su independencia.
  • Logopedas: muchas personas experimentan dificultades de comunicación después de un ictus. Un logopeda puede ayudar a enseñar al cerebro a comunicarse de nuevo.
  • Otros especialistas: la terapia tras un ictus puede incluir también la ayuda de otros especialistas, como un dietista o un oftalmólogo.

Intervención

Para tratar el ictus se pueden utilizar varios procedimientos quirúrgicos. El procedimiento adecuado dependerá de la causa del ictus.

Intervención para el ictus hemorrágico

  • Craneotomía: esta cirugía consiste en extraer la sangre del cerebro y reparar los vasos sanguíneos rotos.
  • Cirugía de derivación:se trata de un procedimiento quirúrgico que se utiliza cuando el ictus provoca la acumulación de líquido en las cavidades cerebrales (una enfermedad conocida como hidrocefalia). El líquido se drena del cerebro mediante un tubo llamado derivación.

Intervención para el ictus isquémico

  • Trombectomía: la veces se utiliza para el ictus isquémico grave causado por un coágulo de sangre en una arteria grande del cerebro. Se trata de un procedimiento de emergencia que tiene lugar muy poco después del ictus. Se introduce un catéter en una arteria y se utiliza un pequeño dispositivo para eliminar el coágulo de sangre que ha causado el ictus.
  • Endarterectomía carotídea:esta cirugía puede utilizarse en algunos ictus isquémicos causados por un estrechamiento de la arteria carótida del cuello, que lleva la sangre al cerebro. Consiste en realizar un corte en el cuello y limpiar los depósitos de grasa en la arteria.

Dieta

Llevar una dieta saludable es fundamental después de un ictus. La dieta puede desempeñar un papel fundamental en la recuperación, ya que ayuda a controlar la presión arterial y los niveles de colesterol y a mantener un peso corporal saludable. Esto también reducirá el riesgo de sufrir otro ictus.

Los supervivientes de un ictus deben procurar seguir una dieta rica en cereales, verduras y frutas, así como en productos lácteos y proteínas saludables como yogur, carne magra, pescado, legumbres, frutos secos y semillas. También deben reducir su consumo de alimentos procesados, grasas saturadas y grasas trans.

Un exceso de sal puede provocar un aumento de la presión arterial. El consumo de sal puede reducirse evitando los alimentos procesados (que suelen tener un alto contenido de sal) y resistiendo el impulso de añadir sal a los alimentos.

Attività fisica

Mantenerse activo después de sufrir un ictus tiene muchos beneficios. Entre ellos se encuentran:

  • Aumenta la confianza y el bienestar
  • Mejora la fuerza y la coordinación muscular
  • Mantiene el corazón y las arterias sanas sana
  • Reduce la presión arterial
  • Estabiliza los niveles de azúcar en sangre
  • Reduce el colesterol en la sangre
  • Ayuda a mantener un peso saludable
Puede ser angustioso volver a estar activo después de un ictus, especialmente cuando el cuerpo no es tan fuerte como antes. Dar pequeños pasos puede ser el mejor enfoque, y un fisioterapeuta puede darte consejos sobre cómo empezar lentamente y aumentar el ritmo con el tiempo.

Prevención

Se pueden hacer muchos cambios sencillos en el estilo de vida que pueden ayudar a reducir el riesgo de ictus:

  • Dejar de fumar: los estudios demuestran que dejar de fumar disminuye la posibilidad de sufrir un ictus. Además, nunca es demasiado tarde para hacerlo: los estudios han demostrado que quienes siguen fumando después de sufrir un ictus aumentan el riesgo de que se repita .
  • Reducir el consumo de alcohol: el consumo excesivo de alcohol puede aumentar el riesgo de sufrir un ictus, por lo que hay que limitar la ingesta de alcohol y repartir las unidades a lo largo de la semana.
  • Llevar una dieta saludable: una dieta saludable ayudará a mantener a raya otros factores de riesgo (como la obesidad y la hipertensión).
  • Hacer ejercicio con regularidad: el ejercicio no solo ayuda a mantener un peso corporal saludable, sino que los estudios sugieren que la actividad física regular se asocia a una reducción del 25-30 % del riesgo de sufrir un ictus..
  • Hacerse revisiones periódicas: las enfermedades médicas como la diabetes, la hipertensión arterial y el colesterol alto pueden provocar el endurecimiento y el estrechamiento de las arterias, lo que aumenta la posibilidad de que se obstruyan y provoquen un ictus. Las revisiones periódicas pueden ayudar a controlar estos factores de riesgo.

Estudios científicos

Se están llevando a cabo numerosas investigaciones para desarrollar tratamientos nuevos y más eficaces para el ictus, y los científicos están especialmente interesados en descubrir formas de restablecer el flujo sanguíneo al cerebro y evitar que las neuronas se mueran tras un ictus. Otros ámbitos de interés en el campo del tratamiento son la búsqueda de formas de mejorar la rehabilitación y la recuperación tras un accidente cerebrovascular.

En lo que respecta a la prevención de los ictus, los investigadores tratan de comprender mejor los factores de riesgo de los mismos. También se utilizan técnicas de imagen para conocer mejor cómo afecta el ictus al cerebro.

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